“VIVIENDO LA CÁRCEL”: EL TESTIMONIO DE ANA ISABEL SALAS Y PILAR ESCRIBANO

El testimonio de dos mujeres profesionales trabajando en la cárcel de Zuera llega al Colegio Mayor Peñalba de la mano de “Enfocados”

La vida ordinaria en prisión es dureza, es conflicto, es reincidencia en ocasiones, arrepentimiento en otras, es ofensa, delirio o enfermedad, es miedo, esperanza y también dolor y aguante. Allí donde se concentran hombres y mujeres, de perfiles dispares, acusados de delitos de distinta índole.Muchos de elevada peligrosidad, otros con gravísimas enfermedades mentales, con adicciones complicadas a drogas con efectos perversos; y los hay resignados, confiando en tener una nueva oportunidad de ser mejor.

Historias, muchas de película, con las que conviven a diario Ana Isabel Salas y Pilar Escribano, ambas funcionarias de prisión, actualmente en la cárcel de Zuera (Zaragoza) tras pasar por otras en Alcalá de Henares, Tenerife, Pamplona o Soto del Real.

A pesar de todo, ellas sonríen. Y trabajan sin miedo, con iniciativa y coraje en ocasiones.

Es el testimonio que pudimos escuchar el pasado miércoles, 14 de febrero, dentro del proyecto “Enfocados 2019”, organizado en el Colegio Mayor Peñalba.

Con ellas pudimos compartir su vivencia profesional en primera persona. Aseguran que hay pocos funcionarios y muchísimo trabajo. Allí el trabajo se divide en módulos, concretamente, en 15, de entre los cuales, solo hay uno de mujeres, porque el 90% de los delincuentes son hombres. Algunos con delitos muy graves detrás que casi preferirías no conocer. Pero siempre terminas conociéndolos.

Nos contaron que la primera tarea del día es contar a los reclusos. También revisan celdas y se ocupan de gestionar y solucionar las dificultades que surgen de la propia rutina. Con las mujeres su trato suele ser más distendido, y muestran menor agresividad, aunque hay momentos problemáticos pero puntuales. Muchas padecen enfermedades mentales.

Ana Isabel y Pilar incidieron especialmente en el problema de las drogas, de cómo acceden a ellas a través del vis a vis en las visitas, como medicación, y las consecuencias gravísimas que tiene en la conducta de los reclusos, capaces de cometer cualquier locura. Hasta la colonia está prohibida, porque se la beben en chupitos.

Y claro que les puede llegar a pasar algo -aseguran-, pero no pueden permitirse entrar con miedo, porque lo huelen y es peor. Lo más duro para ellas es conocerlos, a ellos, su historia, su delito… y convivir con ello, como si no te afectara. Hasta el punto de tener que escuchar de su propia boca que, cuando salgan, van a reincidir. Afortunadamente, no siempre es así, porque hay quien se arrepiente profundamente.

También cuentan que hay sagas, hijos de hijos de hijos de delincuentes. Entonces, comprendes muchas cosas y te preguntas ¿cómo hubiera sido mi vida si hubiera tenido un padre así?

Nos contaron casos concretos de delincuentes y asesinos peligrosos que en estos momentos están en Zuera, y otros muchos que estuvieron y hoy están fuera por un módico precio. También hay quien no quiere salir de ahí por temor a no poder rehacer su vida, sólo con el dinero fácil que les da la droga.

Así nos llegó el testimonio de nuestras invitadas, que terminaron su relato insistiendo en la necesidad de contar con más plazas de psicólogos que atiendan a los cientos de personas que hoy se recluyen en Zuera. Porque todos necesitan atención, terapia, habilidades sociales, autoestima y mucho más según los casos.

Gracias Pilar y Ana Isabel por venir a Peñalba y haber podido conocer más de cerca la vida y el trabajo que hay dentro de una cárcel, lejos de lo que muchas veces sólo nos ofrece el cine o la televisión.

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